El periódico en la terraza de las flores

El jueves un empresario rumano compró en la subasta de París manuscritos de Emil Cioran y los donó al Estado rumano. En el café desde el que escribo me encuentro con un conocido español. Cínico y cierto dice que sabe de buena tinta que está pagando favores, o impuestos. Ayer viernes escribí de la compra y la donación para EFE con gran ilusión. Hasta que no se demuestre que el gesto es una operación de tráfico de influencias prefiero creer en la buena fe del empresario.

Con el optimismo de haber contado la historia de un éxito me fui a inaugurar la temporada de la terraza de las flores. En un kiosko de la calle Mosilor compré los periódicos y me desvié a la derecha para tomar la calle Maiorescu. Es una de esas vías sosegadas del Bucarest secundario. Paralela a la avenida principal, a muy pocos metros del ajetreo del mercado de Obor y del tráfico violento de Mosilor, tiene cualquier día laborable la paz de la ciudad en Domingo de Pascua. Las vías del Bucarest secundario tienen un carril menos y menos coches aparcados en la acera. Tienen árboles, perros perezosos y casas con patio. Dacias viejos abandonados y niños que juegan a pelota.

Al final de la calle Maiorescu, en una esquina detrás de una valla roja, está la terraza de las flores. Como las calles del Bucarest secundario, los hombres que van a la terraza están siempre de Domingo de Pascua. Comen carne asada y patatas fritas y beben vino y cerveza barata. Las camareras son jóvenes y eficientes. Visten vaqueros y camiseta ajustada. Sirven rápido, con la simpatía justa. Alguna de las camareras es también dueña, pero todas trabajan como si el negocio fuera suyo. Cada año en abril, cuando abren la temporada, veo en ellas la pujanza y la frescura de la mejor juventud.

El viernes no hacía sol, lloviznaba y la terraza de las flores estaba vacía. Me senté en una de las mesas de madera y pedí una longaniza, patatas fritas y una cerveza. Comí con gusto y apuré la jarra. Pedí un café y desplegué sobre la mesa Romania Libera. En la primera página un artículo de Cristian Câmpeanu. Quizá el único periodista liberal de Rumanía. Defendía el derecho a la inmoralidad de dos televisiones privadas de noticias. Criticaba la existencia del Consejo Nacional Audiovisual y a quienes pedían el cierre de estos dos instrumentos de propaganda al servicio de los intereses de sus dos propietarios. Esta semana, después del asesinato de un rumano y otros doce funcionarios de la ONU a manos de islamistas afganos que protestaban por la quema de un Corán en América, dos periódicos bucarestinos responsabilizaban del crimen al pastor pirómano que prendió fuego al libro. Câmpeanu fue el único periodista rumano en denunciar la inmoralidad de este juicio en una impecable defensa de la libertad de expresión y de la capacidad de raciocinio de los musulmanes.

Lloviznaba bajo los toldos y hacía un frescor agradable. Después de Câmpeanu venía un suelto sobre unas declaraciones del ex-presidente Ion Iliescu. Iliescu calienta la Guerra Fría, rezaba el título. Defendía Iliescu, con aplastante lógica de poscomunista pragmático, el equilibrio de fuerzas que garantizaba la URSS. Su caída habría llevado al poder ilimitado de Estados Unidos, a la primacía del “Estado mínimo” en todo el mundo, a una libertad de mercado tan indeseable como su sustitución por la voluntad del Estado comunista. La URSS, concluía Iliescu, había sido un socio de Occidente y no un enemigo. Quizá sí un aliado de Occidente pero también un verdugo de sus ciudadanos.

En la página de opinión Norman Manea escribía uno de sus eternos sermones preocupados sobre “las sombras revolucionarias” y debajo el editor ejecutivo del New York Times defendía la objetividad y desechaba al Michael Moore de derechas James O’Keefe en la misma papelera que a Julian Assange. Pagué la cuenta, doblé el periódico y volví a la actividad y al centro bajo una débil lluvia, en la placidez del Bucarest secundario.

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1 comentario

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Una respuesta a “El periódico en la terraza de las flores

  1. Moraru

    Am citit cateva texte si mi-au placut. Scrieti cu talent si intelegere.
    Succes in continuare.

    PS
    Cristian Campeanu este comentatorul meu preferat. Il consider cel mai bun. Este insa departe de a fi singurul. La acelasi ziar mai semneaza si Sabina Fati, Turturica. Mai sunt si altii. In presa online este Tapalaga de la hotnews.ro. La “Revista 22” o avem pe Andreea Pora, de altfel toata publicatia este liberala. Mai exista apoi si cei din provincie. In total putem numara cateva sute de publicisti de calitate, liberali. Altceva decat: “Cristian Câmpeanu. Quizá el único periodista liberal de Rumanía”
    Numai bine.

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