Gaviotas Versadas

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Hace algunas semanas mis jefes me pidieron una crónica sobre la situación de los gitanos en Rumanía, con especial atención a los cientos de repatriados por Francia en las llamadas “deportaciones voluntarias”. Como la madre de Adina, que es jefa de la Cruz Roja en la provincia suroriental de Vrancea, trabaja con algunas comunidades gitanas, tiene coche y me ofrece alojamiento vine hasta Focsani en busca de deportados.

Ya tenía declaraciones y datos de la Alianza Civica para los Roma y de la gubernamental Agencia Nacional para los Roma, que dirige el gitano Ilie Dinca. (Dinca, por cierto, me pareció un hombre simpatico y activo, que me contó con mucha gracia cómo en sus tiempos de jugador profesional de voleybol empezaron llamándole gitano en las pistas, para después decirle chocolate y acabar siendo blackie.) Me faltaba pues hablar con los protagonistas directos, y con la ayuda de Adina y los nombres que me había dado su madre en la mano nos fuimos con el microbús de la Cruz Roja a buscar a nuestros gitanos por la provincia.

Los resultados durante el día fueron modestos, y no tiene interés consignarlos aquí. Por la noche, más por curiosidad que con esperanza de que quisieran hablar, fuimos a la dirección de los últimos dos nombres, en Focsani capital.

Lo imprevisible de la realidad hace del periodismo un oficio difícil, pero también le da buena parte de su atractivo. Ocurre muy a menudo que uno busca tinieblas a pie de calle, sentimientos íntimos que concreten con lágrimas y lamentos lo que cientos de titulares ya han decretado antes para la gran historia. Y cuando regresa al ordenador resulta que sólo tiene luz. No es nada fácil que la realidad cambie los titulares, pero puede atenuarlos, e incluso hacer más real el cuerpo de la noticia.

Yo venía a la magnífica villa de la calle de la Huelga de Grivita buscando miseria, suciedad y desesperación. Abandono, decadencia e inhumanidad. Y cinco gitanas limpias radiantes de belleza, alegría y juventud nos abrieron la puerta y nos invitaron a sentarnos en el sofá del patio. Y allí, mientras nos invitaban a comer la carne portentosa que asaban en la barbacoa, nos explicaron a grandes rasgos una historia de nómadas gitanos que a veces se salía de la legalidad y que no se cruzó nunca con la melancolía.

Los dos chicos, que deben tener unos 24 años, habían estado en Francia, y habían sido expulsados unos días antes. Ellas no sabían si los muchachos habían recibido dinero del gobierno francés, ni habían oído hablar de Nicolas Sarkozy. Los dos habian estado en la cárcel, un mes aproximadamente. Los había pillado la policia en un supermercado, decían las chicas. Al poco tiempo de regresar a Focsani se habían puesto en marcha de nuevo, esta vez hacia Italia o Grecia, no estaban seguras. Aquí no tenían nada que hacer.

Ellas, por su parte, nos preguntaron que era un periódico, querían saber cosas de España y si Adina y yo estábamos casados y teníamos casa. La más viva de las cinco, que se presentó como Gaviota Versata, nos invitó a escuchar su historia.

– A mí me gusta la vida y viajar.

– Y adónde has viajado, Gaviota, a Grecia, a España?

– No, no… Barlad, Buzau, Tecuci… -que son ciudades de la Moldavia rumana y suenan como en espanyol Albacete, Manzanares, Ciudad Real.

Gaviota sabe algo de español que ha aprendido viendo telenovelas sudamericanas subtituladas en la televisión, y quiere conocer Europa como los chicos. 

– Lo que más me gusta es cantar, bailar, ser modelo, como en las telenovelas, confiesa.

Es de Constanza -Este, junto al Mar Negro-, y viaja constantemente. Dice que duerme en casa de familiares y amigos, que tiene muchos por todo el país, y cuando le pregunto que hace en su viajes contesta que va por los mercados. 

Mientras Mandra, la más madura de las chicas, movía la carne sobre las brasas, sacamos la cámara de fotos y una de las dos niñas corrió al tendedero para ponerse una falda más brillante y lustrosa, de color rosa. Posaron junto a la barbacoa, con nosotros y delante de la puerta de casa.

Antes de despedirnos una de ellas nos dio el número de teléfono. Gaviota Versata no paraba de hablar, y sus amigas le advirtieron que era de mala educación querer saber tanto de personas desconocidas. Gaviota se disculpó con cierto apuro y preguntó si nos molestaba.

Ayer Adina y yo volvimos a su villa para darles las fotos. Eran casi las diez, hacía frío y nos hicieron pasar dentro de la casa. Gaviota no estaba, la niña morena que se había puesto la falda para las fotos estaba en su casa y Larisa, la otra niña, dormía como un angelito tapada con una manta. Al lado, en la otra cama, un hombre con bigote veía la tele medio dormido. Junto a él dormía un niño, tan a gusto como Larisa.

Mandra y la que creo que es su hermana miraron las fotos con alegría y preguntaron si se las podían quedar.

Despues de ser editada, la crónica salio asi, en varios medios.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Gaviotas Versadas

  1. Pingback: Ciencia confidencial

  2. Eugenia

    Qué crónica tan humana, los personajes crecen entre las líneas.
    Leyendo esta crónica y el artículo de ABC me pregunto: ¿qué hace Rumanía en la Unión Europea? ¿por qué está en la zona euro con una economía que tiene tan poco qué ofrecer a sus ciudadanos?

    ¿Es una pregunta razonable?

  3. Una cronologia simple pero bella…tiene expresion humana…estos articulos que muestras las contracaras del ser humano son las que me apasionan.

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